Esas noches de verano…

En una noche de verano, esas que aún estando con el ventilador y las ventanas abiertas, uno transpira igual que como si estuviese corriendo, yo estaba acostado en mi cama, usando mi celular; esperando algún indicio del sueño que me sacaría de este martirio.

El vaivén del ventilador de pie movía, cada tanto, una de las puertas de mi placard. El chirrido era insoportable, la madera seca y las bisagras, ya antiguas, generaban un ruido agudo y penetrante que cortaba el silencio de la noche; sin embargo, lo dejé estar, total, en algún momento me dormiría.

Pasaron las horas y el sueño no venía, y no venía, y probablemente no vendría; y el chirrido seguía, incesante e imperturbable. Cada vez que cerraba los ojos, lo podía oír en mi cerebro, retumbando, y abriéndome los ojos por dentro. Era el chirrido o yo, él se detenía o yo no dormía.

Estire mi brazo hacia la oscuridad, tanteando el suelo, buscando el cable; lo encontré y tiré, adiós ventilador, hola sueño y calor. El chirrido de la puerta hizo su última función y hubo silencio. Sin embargo, el tiempo pasó y el chirrido regresó. Mis pesadillas se hicieron realidad, el mundo real y el de los sueños se había mezclado y nunca más podría escapar de aquel incesante e insoportable ruido. Pero abrí mis ojos y me di cuenta, para mi pesar, que el mundo real y el de los sueños no habían tenido tiempo en mezclarse, principalmente porque jamás había logrado dormirme; y el chirrido continuó.

Tomé mi celular y apunté en dirección al ruido. Me paralicé, dejé de respirar y como no había sucedido en toda la noche, un silencio aplastante invadió mi habitación. La luz azulada del celular iluminó una espalda, llevaba puesto un saco, roído y polvoriento. Su cabello negro se perdía entre tanta oscuridad y la piel pálida de una mano que se agarraba al borde la puerta reflejó la luz. Ladeó su cabeza con extrema lentitud y sus pupilas, carentes de color, se iluminaron.

La luz del celular se apagó y la oscuridad regresó. No pude moverme, ni respirar, ni cerrar los ojos.

El chirrido duró toda la noche.

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