Capítulo 4: Titiritero

La lamparita se movía violentamente, generando sombras deformes en el pequeño cuarto. Los muebles, revueltos y desordenados, armaban la escenografía. Un hombre, cubierto de sangre ajena, se hallaba en medio del caos. Preguntó por María, pero la respuesta que recibió fue el chasquido de los tendones romperse y los huesos dislocarse. El ruido provenía de detrás de los escombros. Preguntó una vez más, menos esperanzado por la respuesta que recibiría. Al principio hubo silencio, luego, el sonido que tanto los caracteriza: el del búho. Un sonido, similar al que haría un hombre sin lengua, que se cuela hondo en los huesos y no se va. Un sonido que significa sólo una cosa.

En medio de la noche se oyó un disparo.

 

La noticia se hizo conocida rápidamente. En la granja Martínez, nuestros vecinos, habían matado a María y el asesino era, presuntamente, su marido Raúl. Nos tomó desprevenidos, a mi abuelo y a mí, esta noticia. Mi abuelo era amigo de ellos hace años, yo, hace tres semanas desde que mi madre me obligó pasar un mes aquí, pero para ambos fue chocante. María era como esa tía abuela que todos queremos tener y Raúl era más bueno con la vida ajena que con la propia. Pero sin embargo le dio un escopetazo a su mujer a quemarropa.

Mientras mi abuelo se vestía para el velatorio que daría lugar en el pueblo, yo me dirigí a la casa de los Martínez. Dudaba mucho de la veracidad de los acontecimientos, ni con el mayor de los trastornos, Raúl era capaz de lo que había hecho. Algo había sucedido.

Por fuera, la apariencia de la casa era normal, a los lados de la puerta estaban los lazos de amor que había ayudado a plantar con María. La puerta estaba abierta y, en el suelo, una línea de sal gruesa estaba rota. Rompí la cinta policial y entré. Todo estaba en silencio, la luz entraba a medias por las ventanas y una extraña calma aplastaba el lugar.

Recorrí el alborotado lugar, en busca de algún indicio, pero jamás había considerado qué buscar. Según habían dicho, el accidente había sucedido en su cuarto. Mientras me dirigía allí, noté un líquido espeso, similar al alquitrán líquido, que manchaba las paredes y el piso. Me incliné para tocarlo pero un golpe en la puerta me lo impidió. Mi abuelo me miraba fijamente, con una mezcla entre preocupación y enojo. Se acercó a mí con decisión, me tomó del brazo y me sacó de la casa con prisa, explicándome que no debía estar allí. Jamás lo había visto así.

En el pueblo, nadie hablaba del tema y por más que preguntara qué pensaban sobre lo sucedido, nadie me respondía. Todos sabían algo que yo no. Durante el resto del día intenté regresar a la casa de los Martínez, pero fue en vano, mi abuelo tenía los ojos fijos en mí. Mi única oportunidad vendría con el anochecer, cuando todo el pueblo se reuniría en la iglesia para despedir a María, y así podría averiguar qué era lo que nadie quería decirme. Lentamente fueron ingresando en el lugar y en un momento, el comisario se me acercó e intentó explicarme el por qué no podía regresar, al parecer mi abuelo le había contado de mi pequeña aventura; pero al ver que mis intenciones no cambiaban, decidió acercarse y confesarme algo al oído: “Si no quería morir de una manera horrible, era mejor que dejase de molestar”.

Al principio pretendí asustarme, tal vez lo hice de verdad, pero eso no me quitó las ganas de visitar la casa. Al anochecer, me dirigí allí; acción que jamás me perdoné.

Recuerdo cómo la luna entraba por las ventanas e iluminaba tétricamente el lugar. Aquella noche los grillos también se habían unido al entierro de María y no entonaron su usual canción.

Regresé al lugar donde había visto aquella sustancia negra, similar al alquitrán, y me incliné para investigarla. La rocé con el dedo y noté que se había solidificado, pero aún mantenía cierta viscosidad. En ese momento, una fuerte puntada en la nuca hizo que terminará en el piso, gritando, y una voz en el interior de mi cráneo me habló. Me dijo que vendría a buscarme. Sentí una mano que me tomaba del hombro y me movía con fervor, cuando el dolor punzante terminó, me encontré con el comisario. Estaba desesperado. Me preguntó qué había hecho, qué había escuchado. Fue la primera vez que sentí miedo luego de ver la expresión de terror de otro hombre. Me levantó con rapidez y con su linterna nos guiamos por la oscuridad, hasta que de repente se apagó. Nos detuvimos en el lugar, ni siquiera respirábamos. En ese momento, unos metros delante de nosotros, se escuchó el sonido provocado por el impacto de algo pegajoso contra el suelo, y de esa sustancia emergió una figura humana. Traía puesto un saco negro y un sombrero de ala ancha del mismo color, de la punta de sus dedos caían hilos. Sus ojos, al igual que su sonrisa, eran blancos.

El comisario dejó caer la linterna, sus manos temblaban. Le pidió que no nos hiciera nada. La criatura no respondió, sólo movió su cabeza al son del viento que entraba por la ventana. Una voz resonó en nuestras cabezas, nos explicó que el último regalo no había servido, ya que había muerto antes de poder usarlo. Al haberlo llamado, comprendió que un nuevo regalo estaría a su disposición. El comisario intentó explicarle que yo no sabía del trato del pueblo y no había sido mi intención llamarlo, además, el regalo no tenían ningún regalo para darle. La criatura dejó de mover su cabeza y sonrió aún más, nos dijo que el regalo estaba frente a él. Todo sucedió muy rápido. Los hilos salieron disparados y se clavaron en el cuerpo del comisario; mientras la figura se alejaba con el cuerpo, podía escuchar cómo los hilos se apoderaban de los tendones y huesos. Me agradeció por el regalo y deseó volver a verme.

 

En el pueblo nadie habló de la desaparición del comisario. Mi abuelo me rogó que no dijese nunca lo sucedido y es hasta el día de hoy que lo mantuve en secreto. Son muchos los misterios que viven en este mundo y no todos deberían ser descubiertos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s