Who you gonna call? Ideabusters!!

Una vez, a los 6 años de edad, me abrí la cabeza de un ladrillazo.

Todos se asustaron, estaba en la fiesta de cumpleaños de un amigo y sus papás se preocuparon un montón.

Rápidamente me ayudaron a recolectar los pedazos de cuero cabelludo que se me habían salido, pero mis ideas comenzaron a escapar del agujero que se había formado.

Corrían por todos lados y eran muy difíciles de atrapar. Había de todos los tipos: grandes, chicas, altas y flacas. Sin embargo, los papás de mi amigo llamaron al 912, que son los atrapa ideas.

Llegaron atravesando la pared con un camión cisterna. Recuerdo haber admirado su profesionalismo.

Descargaron bolsas anti ideas y ganchos extensibles y se prepararon para la acción.

Las primeras que logramos atrapar fueron las más prematuras, es decir, las que aún no les había imaginado las piernas así que mucho no podían correr.

Las fuimos guardando en una bolsa, que después íbamos a meter adentro de mi cabeza y tapar el agujero con los pedazos de cuero cabelludo.

Se llenó muy rápido. Tanto que ocupaba casi por completo la casa.

En ese momento, escuché un fuerte ruido y vi cómo se alejaba en la noche mi idea más antigua.

Tenía alas enormes y un cuerpo flaco. – ¿Cómo lo atrapamos? – pregunté.

– Quedate tranca – me dijeron. No me preocupé más, e hice bien, porque los 5 atrapa ideas (porque eran 5) se pusieron en fila y rápidamente comenzaron a seguirlo.

Yo los miraba de lejos, obviamente, no podía volar todavía.

La persecución duró horas y yo tenía los nervios de punta. No sólo porque no eran capaces de atraparla con los brazos extensibles, sino porque si seguía pasando el tiempo, la bolsa no aguantaría.

Cuando lograban atraparle un brazo, ella los sacudía con sus alas, como yo le había enseñado a hacer. Me sentí orgulloso, pero lamentablemente el mundo todavía no estaba preparado para ella, tuve que traicionarla.

Con las horas, su vuelo se tornó más predecible y lograron agarrarla. Meterla en la bolsa fue algo mucho más complicado que no merece explicación. Al final lograron devolverme la mayoría de mis ideas – quedándose con algunas de recuerdos –, se subieron al camión cisterna y se marcharon.

Como la bolsa estaba un poco frágil, y las ideas no paraban de moverse, tuvieron que hacer mucha fuerza para meterla del todo dentro mi cabeza. Cosieron todo rápido y sin mucha precisión. Quedó algo deforme pero al rato me dejaron ir, también me dieron una bolsita con caramelos.

Hasta el día de hoy puedo sentirlas golpear contra mi cráneo, peleando por salir. Muchas lograron desarrollarse, les crecieron piernas y brazos, formaron familias y tuvieron hijos. Cada tanto me invitan a comer.

Pero siempre, bien en el fondo, bien lejos, puedo sentirla. Mi idea más antigua espera, en calma y sin apuros, por el día donde baje mis defensas. Es hasta el día de hoy que la cicatriz me sigue doliendo.

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