La sirenita: la versión remasterizada

Hace muchos años, calculale entre 200 y 300, ocurrió una historia de amor.

Todo empezó en el océano Atlántico, yendo por la ruta submarina Nº2 (ahora rebautizada Néstor Kirschner) hasta el kilometro 998.792, hasta la ciudad acuática de Atlantis. Si viste un cartel que decía “Fin de la Placa Tectónica Sudamericana y comienzo de la Placa Tectónica Africana”, te pasaste.

En esta bella ciudad vivían las sirenas y los tritones, seres mitad humano y mitad pez; siendo casi siempre la parte de arriba la que tenía la forma humana. Hubo casos aislados donde sucedió lo contrario y los pobres bastardos recibían un final rápido.

Siendo un imperio patriarcal, Atlantis tenía su rey: Tritón, quien, siguiendo los pasos de su fallecido abuelo Zeus, se acostaba con lo que se le cruzaba en frente. Así fue como tuvo a sus 7 hijas: Attina, Aquata, Arista, Andrina, Adella, Alana y Ariel, a las cuales reconoció como suyas y las que llevan su apellido. Después hubo miles que nadie sabe.

Pero esta historia no se centra en el rey Tritón, sino en su hija menor, Ariel.

Ella, a diferencia de todo el mundo, estaba encantada con el mundo terrestre. Sin saber que fuimos nosotros los que destruimos el arrecife de coral de su tía Morgana, y que básicamente contaminamos la mayoría del territorio de su padre. También era la más rebelde, siendo la única que exigió tener un trabajo propio, expresó su acuerdo con los matrimonios igualitarios e intentó realizar el primer viaje acuático completo del planeta. No cumplió ninguno de sus sueños, más que nada por la contra de su padre, Tritón, quien aún siendo lo rompebolas que era, la amaba incondicionalmente.

A la edad de 16 años ya estaba lista para el casamiento, y su amigo Flounder, que no era para nada de color amarillo y azul y era bastante pelotudo, le dijo:

-Che… ¿Y si nos vamos de joda?

-¿Adonde cabezón?

-Escuché que hoy iba a haber una fiesta en un barco, creo que cumple un rico cualquiera pero que se yo, probamos si podemos entrar. Scuttle nos espera arriba.

Scuttle era el amigo terrestre de Ariel, una gaviota que no entendía nada de la vida. Luego de encontrarse los tres en la superficie, se dirigieron al barco. Era un galeón de aquellos, con todos los lujos. Estaba decorado con flores, colores y panfletos enormes que decían: “Feliz cumple Eric”.

Fue amor a primera vista, del lado de Ariel, porque Eric ni bola que le dio. Estaba concentrado en la fuente de chocolate que le habían regalado.

En ese momento, una tormenta de la san puta les cayó encima y les hizo bosta el barco. La mayoría de los pasajeros se ahogaron pero Eric se salvó gracias a Ariel, que había quedado re caliente con él.

Lo llevó rápido a la costa y en vez de buscar ayuda médica o realizarle RCP, se puso a cantar una canción y Eric recobró la conciencia. Magia ¿no? Pero antes de que abriera los ojos, Ariel se escondió ya que ningún hombre debe ver a las sirenas. Al ver que un hombre lo encontró, se tomó el palo.

Totalmente enamorada de Eric, volvió a las profundidades y se escondió en su cueva preferida, donde coleccionaba objetos de la superficie, como por ejemplo: cubiertos, cuadros arruinados, bustos, varias copias del “Manifiesto del Partido Comunista” y demás objetos perdidos en naufragios. Allí se pasó el rato adorando al Eric.

Pero lo que no sabía era que Sebastián, el cangrejo del que se rumoreaba era amante de Tritón, le contó al rey sobre el viaje a la superficie de Ariel. El rey se puso la gorra y la fue a buscar.

Una vez en la cueva, le explicó muy claramente y a los gritos, que ella no tenía ni debía relacionarse con los seres de la superficie.

Mientras tanto, en la superficie, Eric quedó embobado con la voz angelical de Ariel.

Volviendo a lo importante. Ariel salió nadando de la cueva a toda prisa y se terminó cruzando con Flotsam y Jetsam, las anguilas de Úrsula, la otra tía de Ariel. Que se sabe era más mala que la mierda.

Las anguilas, al ver la oportuna fragilidad emocional de Ariel, la llevaron con su dueña. Luego de cruzar un campo de pólipos, que son como los claveles de ángel pero del océano, llegaron a la casa de su tía.

Úrsula era uno de esos casos donde las relaciones sexuales salieron mal y terminó con piernas de pulpo en vez de cola de pez. Aparte era muy fea y no nos olvidemos que también era la bruja del océano. A Ariel sola se le ocurre ir con ella así sin más.

En fin, la cosa es que la sirenita le contó todo lo sucedido a Úrsula, quien ocultó su diversión con una muy bien fingida preocupación, y le dijo a Ariel:

-Cuchame Merluza ¿Vos querés vivir para siempre con el Eric este? – La sirenita asintió – Bueno, tengo una idea. Vos dame tu voz que yo te doy piernas, y si en tres días no logras que el príncipe te dé un beso de amor verdadero, te convertís en un pólipo más en mi jardín. ¿Ok?

-Que macabro tía.

-Sobre gustos no hay nada escrito.

-Bueno… acepto.

– ¿Sí? Ah mira que cada vez que camines vas a sentir como si miles de espadas te atravesaran la carne… ¿Aun así querés seguir? – La sirenita volvió a asentir.

Pim pam pum, la sirenita tuvo piernas y se quedó muda.

Ayudada por su amigo Flounder subió a la superficie, donde Scuttle le ayudó a buscar algo de ropa, porque más allá de las almejas moradas que tapaban sus pechos, estaba en bolas.

Justo en ese momento, el príncipe Eric caminaba por la playa cual baywatch buscando a la persona que lo había salvado y se la encontró a la semidesnuda Ariel. Hizo como cualquier buen samaritano y se la llevó a su castillo; no solo eso, sino también que la llevó de viaje por varios lados, para que conozca la zona.

Ariel quedó encantada y aunque no podía hablar y cada vez que pisaba el suelo sentía cómo mil espadas le atravesaban las piernas, logró enamorar al príncipe.

Al segundo día, en una barcaza ambientada románticamente, Ariel y Eric casi se besan si no fuera por la interrupción de Flatsom… Flutsi… Jat… las anguilas de Úrsula, ya que ella no quería que esto sucediese. ¿Qué hace entonces Úrsula? Se transforma en una bella mujer con medidas 90 60 90 y dice que su nombre es ahora Vanessa; además reemplaza su voz con la de Ariel.

Una vez en la superficie, le habla al príncipe que es el primer hombre en enamorarse por los oídos y no por los ojos, y lo termina hipnotizando. Eric no tiene ninguna duda, Vanessa fue la que lo rescató y sólo hay una cosa que puede hacer, casarse con ella. Burgueses…

Habiendo perdido su única oportunidad de enamorar al primer hombre humano que vio en su vida, Ariel sólo tiene un destino, vivir como pólipo en los jardines de Úrsula.

A la mañana del tercer día, Ariel se entera que Eric se va a casar, entrando en un cuadro depresivo. Pero Scuttle le cuenta que Vanessa es en realidad Úrsula, y el cuadro depresivo se transforma en uno de furia. Nadie jode con Ariel.

¿Qué hace entonces Ariel? Se sube a un barril y empieza flotar hacia el barco donde se disputará la gran boda, porque si todo empezó en un barco, todo tiene que terminar en un barco.

Al mismo tiempo Sebastián, el amante del rey, le cuenta a Tritón que Úrsula le hizo una cama a su hija y él sale a buscarla.

Otra vez en la superficie, Scuttle arma una revuelta con varios pájaros más, cagando la comida y atacando a Vanessa, quien en el frenesí pierde la voz de Ariel; y ella la recupera. Ahora suceden varias cosas al mismo tiempo: Ariel recupera su voz, el hechizo sobre Eric se rompe y para no quedar mal con Ariel intenta darle un beso de verdadero amor pero ella se convierte en sirena, Úrsula vuelve a su antigua forma y en ese momento aparece Tritón.

Viendo que le quedaban pocas salidas, Úrsula quiere llevarse a Ariel a su jardín de pólipos pero el rey se lo impide. Usando su último as bajo la manga, le muestra el contrato que la sirena había firmado hace tres días y le ofrece la ganga de que si le entrega su tridente y corona, libera a su hija. El rey acepta y  pierde todos sus poderes, los cuales pasan a su hermana, Úrsula, la nueva reina del océano.

Pero justo aparece Eric y la hiere, porque cualquier humano común y corriente puede herir así nomás a la nueva emperatriz de todos los océanos. Ofendida, le revolea su tridente, pero con tanta mala leche que termina matando a sus anguilas.

Ahora, enfurecida con Eric, Tritón, Ariel y el mundo en general, eleva su masa corporal al cubo y se hace gigante. A su vez invoca una gran tormenta con remolino incluido. Acá es cuando se pone un poco dudosa la veracidad de los hechos acontecidos.

Tritón ya no servía para nada así que lo sacamos de escena, igual que hicimos con Flounder, ¿Se acuerdan? El amigo de Ariel.

En fin, el remolino era tal que desenterró naufragios antiguos y pedazos de mugre. En ese momento, Eric se subió arriba de uno de esos barcos y de alguna forma, que todavía no logro descifrar, logró maniobrarlo hasta ensartar el bauprés (que es el mástil que sale horizontalmente del frente de la proa) en el abdomen de la mujer pulpo.

Con un cacho de barco atravesándole el cuerpo, Úrsula sufrió cada segundo que sucedió hasta que se murió, disolviéndose en tinta negra; porque no olvidemos que ella era un pulpo.

De esta manera, todos los pólipos que decoraban el jardín de la ex reina, volvieron a sus antiguos cuerpos y Tritón recuperó sus poderes.

Pasado todo el quilombo este, Tritón se dio cuenta de que el amor que los jóvenes se tenían era verdadero y, aunque no lo fuera, había visto cómo un tipo cualquiera maniobraba un barco hundido hasta matar a su hermana maligna; con eso hasta él se casaba. Hizo lo que cualquier padre está destinado a hacer, que es dejar ir a sus hijos, y la convirtió en una humana (incluyendo voz y todo en el paquete) y celebraron el casamiento de ambos críos frente a todos sus amigos del mar.

De esta manera, Ariel se liberó del patriarcado de su padre, para entrar al patriarcado de su marido. Sin embargo, y ante todos los infortunios futuros, fueron felices para siempre.

FIN

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