Eterno como el tiempo

Hubo un tiempo, anterior al de todo hombre, donde la Luna no existía. Por las noches, la Tierra se perdía en la oscuridad del universo y tenía que esperar el tiempo que fuese necesario para que el Sol regresara a su lado.

Fue en esa época atemporal del universo donde vivieron en la Tierra, Luno y Pacuan, dos seres que nacieron junto a la Tierra. Cuando el polvo estelar se condensó en un mismo punto, ellos apoyaron la planta de sus pies sobre él.

Ellos eran dos seres totalmente diferentes, en todo el sentido de la palabra. Luno adoraba aquellas horas de completa oscuridad, mientras que Pacuan disfrutaba correr por la tierra mientras el Sol iluminaba su rostro.

Luno sabía el nombre de cada una de las estrellas que los rodeaban, mientras que Pacuan sabía el nombre de cada grano de arena que recubría al planeta.

Luno admiraba el trabajo en equipo, Pacuan prefería hacer las cosas sólo.

Luno apreciaba el silencio, Pacuan se expresaba a través del ruido.

Ellos eran dos seres totalmente diferentes, en todo el sentido de la palabra, pero se amaban con fervor. Sabían en que momento no molestar al otro, sabían en que momento consolarlo; tal era su conexión, que jamás necesitaron palabras para transmitir sus sentimientos hacia el otro.

El tiempo pasó, nadie sabe cuánto y ni a ellos les interesaba. ¿Qué importancia cumple el paso del tiempo cuando un año puede durar lo mismo que un segundo? ¿Qué importancia tiene el tiempo si no nos afecta de ninguna manera?

Así pensaron ellos, y el tiempo pasó.

Pero poco a poco, Luno empezó a notar que no lograba recordar el nombre de cada una de las estrellas que los rodeaban, y Pacuan no corría tanto sobre la tierra mientras el sol iluminaba su rostro. La piel plateada de Luno comenzó a agrietarse y mostrar signos de vejez. El cansancio de Pacuan ya no le permitía moverse con tanta libertad. Ambos se encaminaban rápida, y a la vez lentamente, hacia su inevitable fin.

El tiempo siguió pasando y los dos se acostaron en la tierra y miraron el vacío frente a ellos. Las estrellas volaban por doquier, las explosiones de colores iluminaban el cosmos y pudieron presenciar el nacimiento de varias galaxias; además, se dieron el gusto de nombrar a varias de ellas.

Lo sentían próximo. Podían sentir cómo sus cuerpos se disolvían lentamente y sus conciencias empezaban a perderse. Decidieron, entonces, sus últimos deseos.

Luno fue la primera en irse. Cumpliendo su sueño, decidió permanecer para siempre en la noche que tanto adoraba, flotando en la silenciosa paz del cosmos.

Pacuan tardó un poco más en irse, ya que no lograba decidir por completo cual era su sueño. Pero pasado el tiempo, logró hacerlo; y su cuerpo se disolvió en un líquido que se esparció por cada rincón de su amada Tierra.

De esta manera, las noches dejaron de ser completamente oscuras y la luz que tocaba a Luno, era dirigida hacia la Tierra, ya que ella había deseado unir, tanto su gusto por la noche, como el gusto de Pacuan por la luz. Con el tiempo, ella fue bautizada como Luna.

El líquido que cubrió al planeta lo llenó de vida, y Pacuan pudo cumplir su sueño. El deseó quedarse para siempre en su querida Tierra, y a la vez, jamás separarse de Luno y poder trabajar con ella en equipo, dos cosas que a ella le gustaban. Es por eso que cuando ella tendía a alejarse un poco, Pacuan hacia lo posible por elevarse y no perderla de vista. Con el tiempo, él fue bautizado como Océano.

Es muy probable que nadie recuerde esta historia. Con el paso de los años, los que vinieron después de Luno y Pacuan, se olvidaron de ellos y sus acciones. Sin embargo, utilizaron la luz de Luno para guiarse en la oscuridad y la frescura de Pacuan para devolverles la vitalidad.

Con el paso de los años, todos nos olvidamos de Luno y Pacuan. Pero a ellos no les importa, ya que lo único que necesitan, es el amor que se tuvieron, tienen y tendrán.

¿Qué importancia cumple el paso del tiempo cuando un año puede durar lo mismo que un segundo? ¿Qué importancia tiene el tiempo, si no nos afecta de ninguna manera?

Ninguna, porque el tiempo no afecta el amor que uno siente por aquel ser que nos complementa. Ninguna, porque el amor es eterno como el paso del tiempo.

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