La inevitabilidad del amor

No fueron muchas las veces donde me enamoré, dos para ser exactos y en ambas la cagué antes de poder darme cuenta de lo que estaba pasando. Y digo que yo la cagué porque aparentemente era yo el enamorado. Terrible, lo sé. Si, gracias por el pañuelo. Ya estoy bien, lo superé.

Según me dijeron, según me contaron, las señales estuvieron allí pero yo jamás las recibí, decodifiqué o incorporé. Los planetas se alinearon y me marcaron el camino hacia ese Cosmos agridulce que es el amor y las relaciones humanas más allá de lo carnal; al que jamás logré llegar.

Los planetas siguieron girando y tendré que esperar hasta una próxima “gran” alineación para volver a caer en ese espiral que derrite el corazón de hasta el más frio y gélido ser humano. Digo “gran” alineación porque suele pasar que no siempre se pongan en fila los ocho planetas si no que lo hagan tan sólo dos o tres, provocando los famosos amores de verano o amores del secundario, primario, salita de 5, etc.

Debo decir que yo soy un fanático del amor fantasioso que existe dentro de las películas. Ese que casi siempre triunfa, y si no triunfa saco la película porque el amor tiene la obligación de triunfar.

(Tengo que avisarles que tuve que parar de escribir este texto porque la cabeza me estaba matando, pero mi mamá me enseñó unos movimientos de yoga y chau dolor de cabeza. ¡Yoga rules! Volviendo al tema)

Y si no triunfa, nunca fue amor.

Sin embargo, admito que al ver lo que el estar en pareja le hace a las personas, me asusta. Probablemente por eso mi cerebro se niega a aceptar las señales femeninas. He visto el despertar de demonios en personas que uno cree santas y tantos se han sacado las máscaras que ya todo parece una obra de la divina comedia; Arjona nos avisó a todos y nadie quiso escucharlo.

El amor nos lleva, inevitablemente, a nuestra propia destrucción derivada de conocernos a nosotros mismos, que por miedo a aceptarlo, le echamos la culpa al otro. Maldito el que inventó el amor.

Todo esto nos enfila en el camino de la ruptura, el dolor, llorar junto al inodoro, comer helado en la cama o sillón mirando películas como “Notting Hill” o “Cuatro Bodas y un funeral” o directamente cualquier película donde trabaje Hugh Grant; donde nos pondremos en el lugar de los personajes, los cuales alcanzarán el destino que a nosotros se nos negó y viviremos una especie de masoquismo que no nos da placer.

Pero yo hablo mucho y hago poco, como cuando las mujeres apuntan sus señales a mi antena. Al fin y al cabo, los planetas se alinearán una vez más, yo me enamoraré otra vez y aseguraré que el amor es lo mejor que le pasó al planeta. Haciendo que todo este texto pierda absoluta efectividad y razón de ser, dejándolos a ustedes en un sentimiento de odio hacia mi persona que esperemos se disipe con rapidez.

Porque sin ustedes yo no soy nada (LIES! ALL LIES!).

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